Alma, y el viaje de volver a sí misma

INTRODUCCIÓN.

A veces, la vida nos pone frente a los mismos patrones una y otra vez hasta que decidimos romper con ellos. Nos aferramos a vínculos, hábitos y creencias que ya no nos nutren, por miedo a soltar, por la necesidad de pertenecer o simplemente porque el cambio da vértigo. Pero, ¿qué pasa cuando finalmente nos atrevemos a mirarnos con honestidad? ¿Cuándo dejamos de esperar que alguien nos rescate y entendemos que la verdadera libertad nace desde dentro?

Este relato es la historia de Alma, una mujer que, entre despedidas, rituales y la danza de su propio cuerpo, descubre que su mayor acto de amor es aprender a sostenerse a sí misma.

CUERPO.

En un rincón del mundo donde el mar susurraba secretos a la arena y el viento llevaba mensajes a los corazones inquietos, vivía Alma, una mujer en constante búsqueda de sí misma. Su vida se entretejía con encuentros y despedidas, con ciclos de apego y desprendimiento, con la lucha entre la necesidad de pertenecer y la urgencia de ser libre.

Una tarde cualquiera, Azul, una persona que significaba mucho para ella llegó al edificio donde se encontraba dejando a sus mascotas encargadas. En su prisa por irse, apenas explicó a Alma el plan, sin pensar en lo que podría afectarle. Alma sintió en su pecho el peso de una historia repetida: quedar en un segundo plano, como si su existencia solo importara cuando era útil en momentos así. Su alma ardía con la incongruencia de quienes la rodeaban, reflejándole sus propias heridas de desvalorización. Aunque aquella vez, algo cambió: no quiso contenerlo. Al expresar su sentir, notó cómo Azul se alejaba con disgusto llevándose consigo una parte de su mundo. En esa pérdida, Alma entendió que el verdadero abandono había sido suyo, hacia sí misma, ante los limites y necesidades no expuestas.

Esa noche, bajo la luna testigo de sus silencios, realizó un ritual a las cuatro direcciones. En un acto simbólico, probó la carne que había rechazado por años. La repulsión que sintió no fue solo por el sabor, sino porque comprendió cuánto había avanzado. Su cuerpo ya no toleraba lo que un día fue parte de su vida. De la misma forma, su alma tampoco debía sostener lo que ya no le nutría(relaciones, hábitos, rutinas.)

Con el amanecer, decidió correr. Sus pies tocaron la arena y su respiración se acompasó con el ritmo del mar. Al principio, su mente gritaba, pero, pronto su cuerpo tomó el mando, llevándola a un estado de liberación. El agua la abrazó cuando decidió sumergirse, como si el océano le ofreciera una tregua a su mente agitada. Por primera vez en mucho tiempo, sintió la posibilidad de fluir sin miedo.

Los días pasaron y con ellos, la confrontación con sus hábitos. Sabía que fumar marihuana y tabaco ya no le servía, que su cuerpo gritaba por la liberación que su mente temía. Entre idas y venidas, entrevistas y caminos recorridos en bicicleta, fue comprendiendo que lo que más anhelaba no era pertenecer a un grupo o cumplir expectativas ajenas, sino reencontrarse con su propósito. La danza, la ritualización del movimiento, la energía que fluía en su interior y que aún no sabía cómo plasmar en el mundo.

En medio de su lucha interna, un eclipse lunar en Virgo marcó una revelación. Su útero, su centro, su fuente de vida, le hablaba en susurros antiguos. Había ignorado su propia naturaleza, se había fragmentado para encajar en moldes ajenos, pero ahora, en la sangre que pronto llegaría, en la tierra que le sostenía y el aire que le recordaba su derecho a respirar sin miedo, encontró una verdad: debía honrarse.

Comprendió que la transformación no era un evento único, sino un viaje de autodescubrimiento. Se permitió la paciencia de abrazar su proceso sin exigir resultados inmediatos. Con cada paso, en lugar de temer la incertidumbre, decidió mirarla con curiosidad. Entendió que su cuerpo era su brújula y que la conexión con su danza y su movimiento serían la clave para sostenerse. Rompió con hábitos que ya no la sostenían, liberándose de las cadenas de la dependencia.

DESCENLACE

Con cada encuentro, con cada despedida, con cada lágrima derramada, Alma comenzó a ver que su historia no estaba escrita en el abandono, sino en la transformación. Y aunque aún no sabía exactamente cómo construir su futuro, al menos ahora tenía claro que su camino debía nacer desde el amor propio.

La moraleja de su historia fue sencilla y profunda: nadie podía salvarla, porque ella no necesitaba ser salvada. Solo debía aprender a sostenerse a sí misma, a caminar con convicción y a recordar que, como el mar, su esencia era movimiento. Y en ese movimiento, en la danza de su propia existencia, encontraría la libertad.

-Febrero 2025.

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